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El poder de viajar sola siendo mujer

Actualizado: 3 may 2020


¿Con quién te vas? Sola. ¿Y no te da miedo? Un poquito…




Durante demasiados años hemos estado sometidas al mandato de un patriarcado que nos metió en la cabeza que nosotras “no podíamos” -o al menos no sin la compañía de un hombre-. Nací en un país en donde el machismo es parte de la cultura y la vida cotidiana, donde existe una violencia de género marcada y aún estamos bastante atrasados en cuanto a derechos de la mujer y libertades sexuales, entre otras cosas...


Este legado cultural y realidad social histórica existe. Ejerce presión sobre nosotras e influye indirectamente en nuestros pensamientos y comportamientos, así muchas personas lo nieguen. Por ello, es tan natural que se nos erice la piel, sintamos miedo, angustia, inseguridad, incertidumbre y ansiedad cuando nos hablan de viajar solas por el mundo.


Viajar sola no sólo es moverse de un lugar a otro sin una persona con quien hablar, como le puede pasar a los hombres. Viajar sola siendo mujer es enfrentar el acoso, sortear la seguridad física con una fuerza mínima, asumir acercamientos no deseados ni solicitados, cargar con una maleta que sobrepasa nuestra fuerza física natural, es seguir a pesar de los dolores menstruales, es ser tildada de “puta”, “recorrida”, “vagabunda”, “loca”, “rebelde” y “andariega”. Es poder morir en el intento.


“Elegí viajar sola como un arma de empoderamiento personal, para superar las barreras mentales y sociales que me impusieron o me transmitieron. ”


Si me preguntan por qué viajo sola, mi respuesta es porque quiero y porque puedo. Porque es una elección personal y un estilo de vida, no porque no tenga con quien viajar o no quieran viajar conmigo. Yo escogí esto. Elegí ser la única dueña de mi vida y tomar las riendas de la misma, disponer de mi tiempo, mi espacio y mi compañía. Decidí cumplir mis sueños a costa de lo que fuera, superar mis miedos y límites. Quería experimentar una libertad auténtica, sentir emociones que nunca había sentido y recargarme de energía.


Muchos me describen como: “valiente”, “berraca” o “coraguda” (en portugués). Pero la verdad es que, algún día no fue así, también estuve ahí, desde el otro lado de la pantalla, con un celular en la mano o en el computador de la oficina, como ustedes ahora, leyendo miles de historias de mujeres viajeras, tratando de llenarme de fuerza interior, motivos para viajar e inspiración.


Leí miles de blogs para saber como levantar una maleta sin lesionarme la espalda, como empacarla, como prender una estufa de gas, como armar un camping, cómo hacer autostop, compre un gas pimienta, una navaja Suiza y un taser. Incluso estuve en clases de boxeo, porque sentía puro y físico miedo. Afortunadamente hasta el día de hoy no me ha pasado nada grave.


Elegí viajar sola como un arma de empoderamiento personal, para superar las barreras mentales y sociales que me impusieron o me transmitieron. Infortunadamente las personas saben más transmitirte sus miedos, que sus destrezas y el problema es que terminamos creyéndolo. Elegí viajar para conocerme y descubrirme en el camino, para amarme. Elegí viajar sola, porque elegí vivir intensamente cada día de mi vida.



La primera vez, como en todo, fue la más complicada. La que más miedos e inseguridades me produjo. Salí sin nada de experiencia, con menos de 1000 dólares distribuídos en todo mi cuerpo, con un mico de peluche pintado de la bandera de Colombia (como amuleto personal), con una mochila de casi un metro de grande y 10 kilos a mi espalda, a una carretera a las afueras de Bogotá, mi ciudad. Siendo las 11:00 am, saqué mi dedo a una carretera para hacer hitchhiking (dedo, autostop, ride, carona, aventón) con el objetivo de recorrer toda Sudamérica y lo hice.


Y si, me dio y me sigue dando miedo, pero aún así lo hago con miedo. Aprendí a conocer mis habilidades y ponerlas en práctica, descubrí mis debilidades y mis miedos, en los cuales trabajo día a día para superarlos. Y no, no me aburro. Hace mucho que aprendí a estar a gusto conmigo, mejore mi relación con mi autoestima, empecé a entender que viajar sola no es estar sola, que me tengo a mi misma y con ello me basta. Soy yo la que me organizo, miró con qué transporte me voy a desplazar, dónde voy y qué quiero visitar, y así lo hago sin el permiso o aprobación de alguien. He mejorado mi capacidad de improvisación y comencé a ver el mundo con otros ojos. Me resulta mucho más intenso en cuanto a vivencias y experiencias.


Disfrutar de la soledad significará valorar cada momento y vivir los momentos tal y como son. Asume esa soledad y abraza las emociones y pensamientos que llegaran estando así. Hay una magia que llega de saber que tienes la fuerza suficiente como para enfrentar la soledad bajo cualquier circunstancia. Tu puedes hacerlo y después de lograrlo te sentirás increíble.


"Te obligas a estar sola contigo misma, a aceptarte y amarte tal como eres..."

Viajar sola para mí antes era algo impensable hasta que llegó un día y simplemente lo hice. De ese momento de duda pasas al momento control. Tomas las riendas absolutas de tu objetivo. Pero hasta que llegas a ese punto, seguro que se te van a plantear miles de incertidumbres antes de tomar la decisión.


Yo sé cuántos nos cuesta a las chicas salir de la zona de confort: que la plancha, los 10 tratamientos para el cabello, la ducha caliente, el manicure, que “estoy en días”, los traslados en taxi, que soy delicada de la piel, que soy alérgica, que la maleta de rueditas, el bolso que combina con los tacones, que el collar y la manilla, los outfits perfectos para las fotos, la crema para el sol, para la arruga, la berruga, la mancha, el dedo gordo… Encontraremos mil y un argumentos que nos empujan en contra para abandonar la idea desde el primer instante.




Afortunadamente para todos, mujeres y hombres, cada vez hay más mujeres como yo, que se lanzan a recorrer el mundo en solitario, deseando aprender, conocer otras culturas, ver aquellos lugares con los que siempre han soñado, sin importar lo difícil o nuevo que sea. Hay un mundo allá afuera esperando por nosotras, un mundo que tiene una cita con nosotras, a la cual yo, en lo personal, no pienso faltar.


Aunque no nos lo hayan dicho nunca, aunque durante demasiados años los libros de historia, las grandes revistas de viaje y el resto de medios de comunicación hayan tomado la decisión de no contarlo… ¡las mujeres llevamos viajando solas desde hace muchos, muchísimos años! Pero gracias a internet -con la web y las redes sociales- las mujeres que #viajamos lo contamos y gritamos a los cuatro vientos. Y no es una cuestión de egos o por vanidad. Lo contamos para que otras #mujeres que están en duda pero sienten deseos de hacerlo… ¡lo hagan!




Cuando viajas sola eres tú y el mundo, te abres a nuevas experiencias, conocés más gente, vives más intensamente. Encontrarás a numerosos viajeros que se mueven como tú y que se van agrupando de forma natural. Luego esos viajeros, serán tus amigos del alma, que te apoyarán desde cualquier parte del mundo desde donde estén. Tomas tus propias decisiones, continuamente, y tus sensaciones son sólo tuyas, nadie te las roba. Quizás las compartes en algún momento, pero con gente diferente a quien te rodea normalmente, y en otro idioma, porque te das cuenta que lo puedes aprender y te lanzas a hablarlo como salga, con el tiempo lo perfeccionas.


Te obligas a estar sola contigo misma, a aceptarte y amarte tal como eres, con ese gordito en la cadera, esa cicatriz, esa celulitis y esas estrías, porque te das cuenta que tu valor no se limita a la simetría o voluptuosidad de tu cuerpo, el peinado elaborado con implementos de calor, el grosor de tus labios o la marca de maquillaje o ropa. Te das cuenta que eres mucho más que eso, que miles de hombres y mujeres admiran tu belleza y rasgos autóctonos de tu país, porque eres diferente, única e irrepetible. ¡Creces!


Viajar solas nos da una fuerza indescriptible y nos revela verdades ocultas de todas aquellas cosas que queremos hacer en nuestra vida. Si viajas en grupo, con amigos o en pareja, puede que sea placentero, pero trasladas tu universo local a otro lugar del mundo, estás a miles de kilómetros de casa, pero hablando de los mismos temas con las personas de siempre.

Y la verdad es que aunque estamos más vulnerables que un hombre, también es cierto que nos ayudan más. Chicas, créanme que el mundo es más amable de lo que parece y con una sonrisa y sentido común podemos conseguir lo que queramos, encontraremos siempre gente dispuesta a ayudarnos y a compartir experiencias en cualquier lugar del mundo. Puede que no tengamos una #fuerza física, pero sí una capacidad de persuasión que conmueve a cualquiera; un sexto sentido y una astucia que salvan más vidas que 10 hombres armados.


"No creo que sea obligatorio ni necesario viajar sola, pero sí muy recomendable."

Habrán momentos duros, a veces muy duros, que te vas a preguntar qué diablos estás haciendo sola en ese #desierto, #selva, #oasis, #montaña o #playa… porque no esperaste a tu novio o amigos, en qué momento te metiste en ese lugar peligroso, a que hora te ganaste ese intenso o acosador y cómo saldrás de esa, sana y salva. Entrarás en desespero, llorarás, extrañarás, sentirás nostalgia y miedo una y otra vez. Pero disfrutate esas sensaciones que son únicas, que nunca las vivirás igual, ni siquiera en otro viaje parecido. Creerás no salir de ese problema, pero siempre siempre, hay un plan B, C y D. Y te lo aseguro que servirán para hacerte más fuerte y para aprender para tus siguientes viajes, porque se volverá adictivo. Y cuando vuelves, ves que todo está igual, pero tú ya no eres la misma.


No se trata de ignorar los peligros, por el contrario. conoce lo que mas puedas, informate. En mi caso, me informó lo que más puedo, con mucho tiempo de anticipación, pido que me cuenten esas historias que nadie quiere escuchar, porque no me enfoco en mis debilidades sino en mis habilidades para enfrentar el mundo y en ese momento me planteó que haría ante esa situación de peligro.


Ahora, después de haber viajado en varias ocasiones en solitario, he llegado a la conclusión de que para una mujer viajar sola es tan necesario como respirar. La sociedad machista en la que vivimos desde hace siglos nos ha acostumbrado a estar pendientes del qué dirán de nosotras, a que otros nos digan lo que podemos o debemos hacer y a que nos subestimen, llegándonos a hacer creer que no somos #capaces de realizar nada por nosotras mismas. Y no es así.


Viajando sola te das cuenta de ello. No te imaginas la cantidad de mujeres que hay viajando solas por el mundo, cumpliendo #sueños, hasta que sales ahí fuera y lo ves con tus propios ojos. Quedas perpleja ante tanto poder en unos ovarios y luego te vuelves la admiración de otras, otras que empiezan a cumplir sus sueños por la inspiración que les brindaste.

¡Mujeres, tomemos las calles, recorramos el mundo cómo y cuándo nos plazca! y demostremos -una vez más, así como hemos hecho en otros ámbitos- que las mujeres podemos hacer lo que nos propongamos y que el mundo también es nuestro. Viajen! Viajen siempre que lo deseen y no esperen por nadie.


“Las mujeres deben intentar cumplir sus sueños como lo han hecho los hombres”, escribía Amelia Earhart, la primera mujer aviadora en cruzar el Atlántico, a principios de los años 30.


Viajen siempre que lo deseen y no esperen por nadie.


Un pájaro posado en un árbol nunca tiene miedo de que la rama se rompa, porque su confianza no esta en la rama sino en sus alas...


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